Publicado el marzo 15, 2024

Contrario al dogma de los dos litros diarios, la verdadera hidratación no es un asunto de volumen, sino de química. Beber agua sin los minerales adecuados (electrolitos) es como intentar cargar un celular con un cable roto: la energía no llega a la célula. Este artículo desvela por qué puedes sentir sed a pesar de beber mucha agua y cómo el balance de sodio, potasio y magnesio es la clave para una hidratación celular efectiva y para combatir la fatiga y el dolor de cabeza asociados.

Seguramente has escuchado el consejo hasta el cansancio: «hay que tomar dos litros de agua por día». Es uno de los mantras de salud más repetidos, un pilar del bienestar moderno. Y así, con disciplina, llenas tu botella una y otra vez. Sin embargo, una pregunta incómoda persiste para muchos: ¿por qué, a pesar de seguir la regla al pie de la letra, sigo sintiendo una sed extraña, fatiga a media tarde o incluso dolores de cabeza? La respuesta convencional apunta a que simplemente no estás bebiendo lo suficiente.

Pero, desde una perspectiva fisiológica, esta visión es incompleta. Se enfoca obsesivamente en el «qué» (el agua) y en el «cuánto» (los 2 litros), pero ignora por completo el «cómo»: el mecanismo que permite que esa agua realmente ingrese a tus células y cumpla su función. Si la verdadera clave no estuviera en ahogar nuestro cuerpo en líquido, sino en darle las herramientas químicas para que lo absorba correctamente, ¿qué cambiaría? La clave no está en el volumen, sino en el balance hidroelectrolítico.

Este artículo no busca desmentir la importancia del agua, sino profundizar en su ciencia. Exploraremos por qué el agua de la canilla, a menudo baja en minerales, puede no ser suficiente para lograr una hidratación celular real. Analizaremos los síntomas de este desbalance, el rol sorprendente del mate en el contexto argentino, los riesgos de una sobrehidratación sin electrolitos y cómo elegir el agua correcta para, finalmente, saciar esa sed profunda que el simple volumen no logra calmar.

Para navegar este tema crucial, hemos estructurado la información de manera que puedas entender el problema, identificar los síntomas y aplicar soluciones prácticas. A continuación, encontrarás un desglose de los puntos que abordaremos.

Por qué el agua destilada o baja en sodio no te quita la sed celular

La sensación de sed es un mecanismo complejo que no siempre se calma simplemente llenando el estómago de agua. Para entender por qué, debemos bajar al nivel microscópico: la célula. Imagina tus células como pequeñas baterías que necesitan agua para funcionar. Sin embargo, el agua no entra en ellas por arte de magia; necesita una «llave». Esa llave son los electrolitos, principalmente el sodio y el potasio. Este mecanismo, conocido como la bomba sodio-potasio, utiliza la diferencia de concentración de estos minerales dentro y fuera de la célula para regular el paso del agua a través de un proceso llamado presión osmótica.

Cuando bebes agua muy baja en minerales, como el agua destilada o algunas aguas filtradas por ósmosis inversa, estás introduciendo un líquido con una carga mineral casi nula. Tu cuerpo, en un intento por mantener el equilibrio, puede incluso extraer minerales de tus reservas para «enriquecer» esa agua, lo que a la larga te desmineraliza. El agua pasará por tu sistema, aumentará el volumen de orina y será eliminada sin haber hidratado eficazmente tus tejidos a nivel celular. Es la «sed paradójica»: bebes, pero tus células siguen sedientas.

Este concepto es crucial cuando consideramos que el cerebro, el órgano que comanda todo, está compuesto por una enorme cantidad de agua. De hecho, los datos del Ministerio de Salud confirman que el 75% del cerebro es agua. Si este órgano vital no recibe una hidratación celular adecuada, su funcionamiento se ve comprometido. Para ilustrarlo, la imagen a continuación muestra una representación de la ósmosis, el proceso fundamental que permite la hidratación celular.

Vista macro de células con agua y minerales en proceso de ósmosis

Como se puede apreciar, la interacción entre el agua y los minerales es lo que permite el equilibrio. Un estudio clínico realizado con bomberos forestales, un grupo sometido a un estrés físico extremo, demostró que aquellos que bebieron agua enriquecida con electrolitos mantuvieron un estado de hidratación significativamente mejor que los que bebieron agua simple. Esto no solo se aplica a atletas, sino a cualquiera que busque una hidratación real y no solo un efecto diurético.

Dolor de cabeza o fatiga: cómo saber si te falta agua antes de tener sed

La sed es una señal tardía. Cuando tu boca se siente seca, tu cuerpo ya ha entrado en un estado de deshidratación. Sin embargo, existen síntomas mucho más sutiles y tempranos, especialmente de la deshidratación celular por falta de electrolitos, que a menudo atribuimos a otras causas: la fatiga de las 3 de la tarde, una niebla mental persistente, dificultad para concentrarse o un sordo dolor de cabeza. Estos no son signos de cansancio por el trabajo, sino a menudo el primer grito de auxilio de tu cerebro pidiendo un mejor balance hídrico y mineral.

Desde el punto de vista neurológico, la comunicación entre neuronas depende de impulsos eléctricos, y esos impulsos son conducidos por electrolitos como el sodio, el potasio y el magnesio disueltos en agua. Un ligero desequilibrio puede ralentizar esa «electricidad» cerebral, afectando directamente tu rendimiento cognitivo. La Dra. Hernández, del Centro Médico Teknon, lo resume de forma contundente:

Una deshidratación del 2%, mucho antes de tener sed, ya reduce la memoria a corto plazo y la capacidad de concentración.

– Dra. Hernández, Centro Médico Teknon – Hidratación y Salud

Esta afirmación es poderosa: una pérdida de agua corporal mínima, imperceptible como sed, ya está saboteando tu capacidad mental. Entonces, ¿cómo podemos diagnosticar esta «deshidratación subclínica» en nuestro día a día, especialmente en un entorno de oficina donde la sed no es evidente? Existe un método práctico para autoevaluarse.

Plan de acción: test de hidratación activa en la oficina

  1. Momento clave: Al sentir la típica fatiga o «niebla mental» de media tarde, haz una pausa.
  2. Acción inmediata: Bebe un vaso grande (300 ml) de agua mineral natural, no de la canilla. Asegúrate de que no sea baja en sodio.
  3. Periodo de espera: Espera 15 minutos. Durante este tiempo, no consumas café, mate, ni ningún alimento. Ponte de pie y camina un poco si es posible.
  4. Evaluación del resultado: Si sientes que tu energía mejora notablemente, la cabeza se despeja o la fatiga disminuye, es muy probable que el problema fuera una deshidratación celular por falta de electrolitos.
  5. Paso siguiente: Si la fatiga persiste, considera que podría ser una deficiencia específica, como la de magnesio. Incorporar un puñado de almendras o semillas de girasol puede ser un buen complemento.

Té, café y mate: ¿cuentan como parte de tus 2 litros diarios o restan?

La creencia popular, especialmente en lo que respecta al café y al mate, es que su efecto diurético «resta» más agua de la que aporta. Si bien es cierto que la cafeína y otros compuestos pueden aumentar la producción de orina, la ciencia moderna ha matizado enormemente esta idea. Estudios recientes indican que en consumidores habituales, el cuerpo desarrolla una tolerancia a este efecto, y el balance hídrico final es netamente positivo. En otras palabras, sí, cuentan como parte de tu ingesta de líquidos.

En el contexto argentino, el mate merece un análisis especial. No es simplemente «agua caliente con yerba». La yerba mate es una fuente sorprendentemente rica de minerales, incluyendo dos electrolitos clave que a menudo faltan en el agua de red: potasio y magnesio. Por lo tanto, un mate bien cebado puede ser, paradójicamente, una bebida de rehidratación más completa que un simple vaso de agua de la canilla, ya que aporta no solo el líquido sino también parte de los minerales necesarios para que ese líquido sea absorbido a nivel celular.

Estudio de caso: el matero argentino y su balance de electrolitos

A diferencia de lo que se podría pensar, la yerba mate aporta minerales esenciales como potasio y magnesio, cuya presencia en el agua de la canilla en Argentina puede ser baja y variable. Los consumidores habituales desarrollan una alta tolerancia al leve efecto diurético de la mateína, manteniendo un balance hídrico positivo. Consumido con moderación y con la técnica correcta, el mate puede considerarse una bebida que contribuye a la rehidratación de forma más completa que el agua sola, al reponer no solo fluidos sino también electrolitos perdidos.

Para maximizar los beneficios hidratantes del mate, los materos expertos siguen ciertos «hacks». Usar agua a la temperatura correcta (entre 75-80°C) evita «quemar» la yerba y preserva sus minerales. Alternar cada ronda de mate con un sorbo de agua mineral ayuda a mantener un volumen de líquido óptimo, y elegir yerbas de buena calidad, a menudo con un secado más natural, puede asegurar un mayor contenido de minerales. Por lo tanto, lejos de ser un villano, el mate, bien gestionado, es un aliado en la búsqueda de un buen balance hidroelectrolítico.

El riesgo de la hiponatremia por tomar agua compulsivamente sin comer

Si beber agua sin suficientes minerales es ineficaz, beber cantidades masivas de agua, especialmente sin un aporte adecuado de sodio, puede ser directamente peligroso. Este escenario puede conducir a una condición médica grave llamada hiponatremia, que literalmente significa «bajo nivel de sodio en la sangre». Ocurre cuando se diluye tanto el sodio del cuerpo que las células comienzan a hincharse de agua, incluidas las células cerebrales, lo que puede causar desde confusión y convulsiones hasta consecuencias fatales.

Aunque los casos graves son más comunes en atletas de resistencia que beben litros de agua durante maratones, una forma leve puede afectar a personas que, por una obsesión con la hidratación, beben agua compulsivamente a lo largo del día sin acompañarla de alimentos que repongan el sodio perdido. Esto es especialmente relevante durante el verano argentino o tras una actividad física donde se suda profusamente. Es crucial entender que si reponemos solo agua sin reponer electrolitos, podemos caer en un desequilibrio que agrava la deshidratación a nivel funcional.

La clave es el balance. El sodio tiene mala prensa, pero es un electrolito absolutamente esencial para la vida. No se trata de abusar de la sal de mesa o los ultraprocesados, sino de asegurar un aporte mínimo y constante para que el agua que bebemos pueda ser utilizada correctamente por nuestro organismo. Este equilibrio entre el agua y la sal es la base de nuestra fisiología.

Composición minimalista mostrando balance entre agua y sal

El cuerpo humano es un sistema homeostático que lucha constantemente por mantener este equilibrio. Durante la actividad física intensa, se pueden perder cantidades significativas de sodio. Por ello, la rehidratación en esos contextos siempre debe incluir una fuente de electrolitos, ya sea a través de una bebida deportiva, agua mineral rica en sodio o alimentos salados.

Agua de mesa o mineral natural: cuál elegir para aportar magnesio y calcio

En el supermercado, la góndola de aguas puede ser abrumadora. ¿Agua de mesa, mineral natural, mineralizada artificialmente? Desde la perspectiva del balance hidroelectrolítico, la elección importa, y mucho. En Argentina, la calidad del agua de red es generalmente buena para el consumo, con datos de AySA que muestran una alta cobertura de agua potable controlada en áreas como Buenos Aires. Sin embargo, su contenido mineral puede ser bajo y variable según la región.

Aquí es donde las aguas embotelladas marcan la diferencia. La distinción principal según el Código Alimentario Argentino es entre «Agua Mineral Natural» y «Agua de Mesa».

  • Agua Mineral Natural: Proviene de fuentes subterráneas, protegidas de contaminación. Su composición mineral es estable y natural de origen. Son ideales para reponer electrolitos, ya que suelen tener un contenido significativo de magnesio, calcio, sodio y bicarbonatos. Son la opción preferente para deportistas o para quienes buscan una hidratación óptima.
  • Agua de Mesa: Es agua de red tratada (o de pozo) a la que se le pueden haber quitado o añadido minerales. Generalmente, su contenido mineral total es más bajo que el del agua mineral natural. Las versiones «bajas en sodio» son útiles para personas con hipertensión, pero pueden no ser la mejor opción para la rehidratación post-ejercicio.

Para tomar una decisión informada, es útil comparar los valores típicos que se encuentran en las etiquetas, tal como lo establece una comparación basada en el Código Alimentario Argentino.

Comparación de tipos de agua según contenido mineral promedio
Tipo de Agua Sodio (mg/L) Magnesio (mg/L) Calcio (mg/L) Recomendación
Agua Mineral Natural Variable (10-200) 1-100 5-150 Deportistas y rehidratación óptima
Agua de Mesa <25 <10 <20 Dietas bajas en sodio
Agua de red (AySA) <200 Variable Variable Consumo diario regular

La elección final dependerá de tus necesidades. Para el día a día, una combinación de agua de red y mate puede ser suficiente. Pero si sientes los síntomas de deshidratación celular (fatiga, dolor de cabeza), realizas actividad física o simplemente buscas optimizar tu hidratación, optar por un agua mineral natural con un buen perfil de magnesio y calcio es una decisión inteligente.

El mito de que el mate lavado no sirve: ¿sigue hidratando o es solo agua sucia?

En la cultura del mate, llegar al «mate lavado» es una señal de que la ronda está terminando. La yerba ha entregado la mayor parte de su sabor y sus propiedades. Pero, ¿qué sucede con su capacidad de hidratación? ¿Es, como dicen algunos en broma, «solo agua sucia»? La respuesta desde la fisiología es clara: el mate lavado sigue hidratando. Y no, no es agua sucia.

Un mate lavado es, en esencia, agua caliente que ha pasado por una yerba que ya ha liberado la mayoría de sus compuestos solubles (sabor, cafeína y minerales). Por lo tanto, lo que estás bebiendo es fundamentalmente agua. Según la Fundación Cardiológica Argentina, «el agua es la sustancia de hidratación por excelencia, la más saludable, sin calorías y económica». Desde esta perspectiva, el mate lavado cumple perfectamente la función de aportar líquido al cuerpo. Aunque ya no ofrezca el mismo empuje de potasio o magnesio que las primeras cebadas, su contribución al volumen hídrico total es indiscutible.

La confusión surge al comparar un mate recién cebado con uno lavado. El primero es una bebida de rehidratación más completa porque aporta minerales. El segundo es, simplemente, un vehículo para ingerir agua. No tiene los mismos beneficios adicionales, pero su función hidratante básica permanece intacta. De hecho, para una persona que necesita controlar su ingesta de potasio, por ejemplo, un mate más lavado podría ser incluso preferible. Aproximadamente, se estima que entre 10 y 12 mates (dependiendo del tamaño) equivalen a un vaso de 250 ml de agua en términos de volumen de líquido ingerido.

En resumen, no hay que despreciar al mate lavado. Si bien ha perdido su «alma» en términos de sabor y aporte mineral, su «cuerpo» —el agua— sigue siendo perfectamente útil para cumplir con los objetivos de hidratación diaria. Es una forma agradable y social de seguir bebiendo líquido a lo largo del día, mucho más efectiva que no beber nada en absoluto.

Cómo potenciar el efecto del drenaje dejando la sal 24 horas antes

El concepto de balance hídrico y electrolítico tiene aplicaciones directas en el bienestar y la estética, como en la preparación para un masaje de drenaje linfático. El objetivo de este tipo de masaje es movilizar el líquido intersticial (el líquido que se encuentra entre las células) para reducir la retención y la hinchazón. El éxito de este proceso está íntimamente ligado al equilibrio entre sodio y potasio en el cuerpo.

El sodio tiende a retener agua fuera de las células, en el espacio intersticial. El potasio, en cambio, ayuda a introducir el agua dentro de las células y a eliminar el exceso de sodio a través de los riñones. Por lo tanto, para «preparar el terreno» para un drenaje linfático efectivo, la estrategia es simple: reducir la ingesta de sodio y aumentar la de potasio en las 24 horas previas. Esto ayuda a que el líquido «atrapado» esté más disponible para ser movilizado por el masaje.

Esto no significa eliminar la sal por completo, ya que es esencial, sino evitar las fuentes de sodio oculto. El protocolo de preparación es sencillo:

  • Evitar ultraprocesados: Eliminar snacks, fiambres, enlatados y comidas preparadas, típicos de las picadas argentinas, que contienen altas cantidades de sodio.
  • Aumentar el potasio: Incrementar el consumo de alimentos como la palta, espinaca, banana, tomate y batata.
  • Hidratación inteligente: Beber abundante agua, preferiblemente mineral, para ayudar a los riñones a filtrar el exceso de sodio. Las Guías Alimentarias para la Población Argentina recomiendan un piso de 2 litros de agua por día, que en este caso es crucial.
  • Limitar diuréticos: Evitar el exceso de alcohol y cafeína, que pueden interferir con el balance hídrico general.

Siguiendo estos pasos, se crea un entorno fisiológico óptimo donde el sistema linfático puede funcionar de manera más eficiente, potenciando los resultados del masaje. Se trata, una vez más, de gestionar activamente el balance químico del cuerpo para un objetivo específico.

Puntos clave a recordar

  • La hidratación verdadera depende de la calidad (electrolitos), no solo de la cantidad (volumen) de agua que bebes.
  • La fatiga, la niebla mental y los dolores de cabeza son a menudo síntomas de desequilibrio electrolítico que aparecen mucho antes que la sed.
  • El mate, consumido con moderación, puede ser un aliado para la hidratación al aportar minerales como potasio y magnesio, a diferencia del agua de red.

Cómo alimentar tu cerebro para recuperar la memoria y la concentración que tenías a los 20

La memoria y la concentración no son solo funciones abstractas de la mente; son procesos bioquímicos que dependen de un entorno físico adecuado. Y ese entorno es, en gran medida, un cerebro bien hidratado y nutrido. Hemos establecido que la hidratación celular depende de los electrolitos, y esto es doblemente cierto para el cerebro. Los electrolitos como el sodio y el potasio son la base de la «electricidad» cerebral: la transmisión de impulsos nerviosos entre neuronas. Sin ellos, la velocidad del pensamiento literalmente disminuye.

El magnesio, otro electrolito clave, juega un rol fundamental en más de 300 reacciones enzimáticas en el cuerpo, muchas de ellas en el cerebro. Está implicado en la función neurológica, el control de la glucosa en sangre (el combustible principal del cerebro) y la plasticidad sináptica, que es la base del aprendizaje y la memoria. Un desequilibrio electrolítico no solo te hace sentir cansado; afecta directamente tu capacidad para recordar, concentrarte y resolver problemas con la agilidad que recuerdas de tu juventud.

Recuperar esa agilidad mental no requiere soluciones mágicas, sino volver a lo básico: darle al cerebro los componentes que necesita para funcionar a su máximo potencial. Esto implica una estrategia doble: una hidratación rica en minerales y una alimentación que provea los nutrientes esenciales para la salud neuronal. En Argentina, tenemos acceso a una variedad de súper alimentos que cumplen perfectamente esta función:

  • Palta: Rica en grasas saludables (esenciales para las membranas neuronales) y una excelente fuente de potasio.
  • Semillas de chía y lino: Fuentes vegetales de Omega-3 (DHA), un componente estructural clave del cerebro.
  • Merluza del sur y otros pescados grasos: La fuente más directa de Omega-3 para la memoria y la función cognitiva.
  • Nueces: Contienen DHA y Vitamina E, un potente antioxidante que protege a las neuronas del estrés oxidativo.
  • Mate (con moderación): Aporta antioxidantes y teobromina, un estimulante más suave que la cafeína que mejora la concentración.

La base de todo esto sigue siendo el agua. Pero no cualquier agua. Un agua mineral natural, que actúa como vehículo para estos nutrientes y que a su vez aporta su propia carga de calcio y magnesio, es el catalizador que permite que todos estos elementos trabajen en sinergia para potenciar tu cerebro.

Evalúe desde ahora sus hábitos de hidratación y alimentación para optimizar su función cerebral y bienestar general, aplicando los conocimientos sobre el balance hidroelectrolítico para obtener resultados tangibles.

Preguntas frecuentes sobre el mate y la hidratación

¿El mate lavado sigue hidratando?

Sí, el mate lavado es esencialmente agua caliente con un contenido mínimo de minerales. Por lo tanto, sigue contribuyendo al volumen total de líquidos del cuerpo y cumple una función hidratante, aunque no aporta los mismos beneficios minerales que un mate recién cebado.

¿Cuántos mates equivalen a un vaso de agua?

En términos de volumen de líquido, se estima que aproximadamente entre 10 y 12 mates, dependiendo del tamaño del recipiente, equivalen a un vaso de 250 ml de agua.

¿Es mejor tomar mate o agua para hidratarse?

Ambos hidratan. El agua es la bebida de hidratación por excelencia. Sin embargo, un mate recién cebado tiene la ventaja de aportar minerales adicionales como potasio y magnesio, que pueden ser escasos en el agua de red, convirtiéndolo en una bebida de rehidratación más completa en ciertos contextos.

Escrito por Florencia Carrizo, Licenciada en Nutrición (MN) con especialización en alimentación antiinflamatoria y economía doméstica. Promueve una nutrición real, accesible y culturalmente adaptada a las costumbres argentinas.